CORRER Y CRECER
Necesitas algo, no
sabes muy bien qué, y un día...sales a correr. No importa si a causa de
tu malestar físico, o vital, o social, o sicológico. Tu vida ha cambiado, y aun
no eres consciente. Puedes haber ingresado en la cofradía de los locos de moverse
con solo la energía de sus piernas y el ímpetu de su corazón. En adelante, el
camino que recorrerás no dejará de ascender a más altos niveles de bienestar,
seguridad, equilibrio, fuerza, aguante, vitalidad. Tu tesitura, tu camino
vital, la senda de tu recorrido personal, ha empezado a subir. Y te acompañará,
a poco que la cuides, toda tu vida. Correr nos ha hecho mejores individuos. No
es poca cosa.
Y te ves
recorriendo caminos, sendas, carreteras, pistas, por el solo motivo de sentirte
vivo, acompañar a otro loco como tú, o cansarse para sentirte después mucho
mejor. Todo eso, formará a partir de ahora, parte esencial en tu vida. Luego
llegará lo de mirar tu cronómetro y sentirte orgulloso de emplear menos tiempo
que la última vez, o relajarte tras un día intenso, o respirar el aire fresco y
limpiarte por dentro. O compartir con otros corredores el gozo de trotar más o
menos rápidos, por la naturaleza, el parque, los caminos, intercambiando
confidencias de todo tipo. Quizás estés preparando una prueba importante, con
todo lo que eso implica, o sin más, necesitas sentirte vivo corriendo,
respirando, escuchando a tu corazón latir. Crecer, mejorando tu resistencia,
moldeando tu carácter impulsivo o tu inconstancia en la vida, aprender los
valores de cumplir el reto diario, entrar en comunión con tus pensamientos, tu
creatividad, tus aspiraciones, aumentar la fuerza de voluntad, tu lucha como
metáfora de lo que diariamente has de afrontar. Te has convertido en otra
persona, te miras, te miran, de otra manera. Hasta tu aspecto, en poco tiempo,
tu cuerpo, empieza a cambiar. Es la cara más visible de una transformación
total de tu ser. Y te complaces en lo que los espejos y las fotos
empiezan a mostrar. Y a medida que tu forma física va creciendo, y las carreras
en las que participas empiezan a ver cada vez más corredores detrás de ti en
meta, la confianza y tu autoestima, suben sin parar. Te da por seguir con más
atención las retransmisiones de todo tipo de campeonatos o pruebas y no
alcanzas a entender como esos privilegiados hacen tan fácil lo que a ti te
cuesta tanto, aunque a decir verdad, cada vez estás más cerca de ellos con los
meses, los años, no importa si nunca llegas a igualarles, no se trata de eso.
Sabes y valoras ese desempeño.
Creces
cuando has completado una buena carrera, y después de recuperar, miras el mundo
y a la gente de otra manera. Cuando disfrutas de una buena siesta ese día, tras
una comida que te sabe doblemente apetitosa y una bebida que te hace estremecer
de gozo.
Creces
cuando has compartido kilómetros con alguien especial a tu lado y has contado,
y te han contado, cosas, confidencias, que difícilmente se intercambiarían en
otro entorno.
Aumenta tu
sabiduría porque empiezas a entender lo que tu cuerpo, solo con sensaciones, te
transmite cada día, y correr, solo es el momento del test en que descubres tu
estado auténtico, tu cabeza, tu corazón, tus músculos, tus fuerzas te gritan
claro cómo se sienten tras los último días que han sumado según qué cosas en
sueño, alimentación, afecciones, stress..
Eres mejor
al centrarte en objetivos concretos, en luchar contra los contratiempos y
adversidades, aprendes a calcular el tiempo y las formas, y desechar lo
accesorio o inútil. De pronto, conoces lo importante y lo persigues.
Creces
cuando tu mente confundida, perezosa, empieza a ver la luz en un problema que
no te dejaba dormir, porque cuando corres, hay claridad mental y la solución
llega sola y te apabulla con su lógica. Todo de pronto es relativo y tiene más
luz. Tu cabeza parece otra libre de ataduras y miedos.
Creces
cuando desconectas un buen rato de todo pensamiento racional y te hundes en un
periodo de sufrimiento máximo porque es lo que te apetece hoy, correr, al límite
de tu capacidad, empujando, escuchando el viento pasar, casi como un animal
huyendo a la carrera de su depredador, oyendo solo rumores de fondo porque lo
que domina es solo tu respiración, y casi diría que tu pulso cardíaco, cuando
te vacías y al terminar sonríes.
Creces
cuando de vez en cuando encuentras ese pico de forma mágico, en que todo se
hace más fácil y correr, deprisa, sale sin pensarlo, pareciendo que tus piernas
ligeras, tienen vida propia, cuando ese pico de forma coincide con la carrera
perfecta, por circuito, clima, y el crono final te sorprende a ti mismo, que es
suficiente porque solo tú sabes cuánto te ha costado y cuánto vale en el
ranking de tu historia deportiva personal.
Creces
cuando en tu vida debes pasar malos momentos, personales, profesionales,
familiares, y correr, te ha dado esa especial resiliencia y resistencia frente
a las adversidades, y esa mala situación la conviertes en un reto a superar,
como cualquier otro objetivo que propongas en tus entrenamientos.
Creces
cuando después de muchos años, miras tu pasado, y ves a gente de tu edad con
problemas de salud mientras tú resistes con envidiable salud y forma deportiva
el inexorable paso del tiempo.
Correr es
pues, la metáfora perfecta de la vida, donde los logros importantes, vienen
tras una educación, una preparación, un trabajo de perfeccionamiento del cuerpo
y de la mente. Tan solo por eso, ya merece la pena intentarlo. Si tu edad, tu
salud, tu cuerpo, te permiten correr (lo de menos es cuán rápido lo hagas),
corre, ve tras el objetivo lejano pero posible, al final cuando mires
atrás, verás que fue de las mejores cosas que hiciste en la vida.


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