SE TRATA DE SUFRIR

 Lo de correr es una disciplina que no admite soldados tibios. La disposición innata, o adquirida, de mejorar a base de trabajo y esfuerzo, es el camino apropiado para lograr las mejores metas. Y en esto hay muchos factores implicados, todos favorecedores de lo que en el tema anterior hemos llamado: crecer. Ser mejores, más eficientes, más seguros, más resistentes, en línea con lo que practicamos todos los corredores de cualquier distancia.

Y si hay algo que caracteriza siempre a este proceso de entrenar para alcanzar nuestros límites, es la capacidad de sufrimiento. De hecho, con bastante frecuencia, marca la diferencia entre dos atletas muy parecidos de talento físico pero muy distintos en su sicología de lucha. Si flojeamos en el sufrimiento a la hora de entrenar, dificilmente correremos luego en las mejores marcas según nuestras condiciones físicas. Ya sé que hoy día,  ha cambiado mucho precisamente este factor, y ha pasado a primar más el disfrute, los compañeros, el postureo, el post...cosa que está muy bien si lo tienes claro y solo buscas el deporte salud. En sus orígenes, al atletismo en general, la carrera en particular, solo admitía fieles al sufrimiento.

 En mi caso personal, y despues de muchos años y kilómetros, solo me siento plenamente satisfecho cuando despues de una carrera, independientemente de la marca, he dado todo lo que tenía en ese momento, y  he podido centrarme todo el rato en optimizar el trabajo de carrera. Esto es tanto más dificil, cuanto peores sensaciones tengas ( por clima, por fatiga, por fuerzas,..), mantener el espíritu de lucha arriba es lo que se espera de cualquiera que entrena o compite para mejorar.

 Como siempre, cada corredor es un mundo, y hay quien entrena bien  y compite mal, o al revés, una famosa y frecuente dicotomía que atormenta a muchos atletas que piensan que no están dándolo todo cuando preparan una prueba importante. Siempre me acuerdo del gran corredor Hicham El'Gerrouj, poseedor títulos Olímpicos, Mundiales y Records en las distancias de mediofondo ( aun hoy poseedor de los de 1500, milla y 2000). Comentaba que él a la competición iba con una gran alegría y sin ansiedad, porque lo más duro ya lo había pasado en los extenuantes entrenamientos en el Atlas marroquí y en altura, haciendo por ejemplo series largas en cuestas con gran pendiente ascendente, a ritmos dificilmente creíbles. Su nivel de sufrimiento, decía él mismo, dificilmente estaba al alcance de cualquier otro mortal. Competir  era solo interpretar un guión ya muy conocido por él y actuar según las circustancias de sus rivales y de la prueba.

 La capacidad de sufrimiento se entrena. Ésta es la clave que debemos tener presente, y no solo se mejora desde el punto de vista sicológico, sino, también físico. En esta última parte, y en línea con lo comentado en otras entradas del blog, hacer caso a las sensaciones de nuestro cuerpo y saber reconocer cuando nos habla, es la forma de asegurarnos de estar haciéndolo bien. Siempre digo que nuestro cuerpo tiene la doble faceta de ser embaucador al principio ( la pereza, los mensajes derrotistas, sobre todo en el calentamiento o en instantes previos al máximo esfuezro), pero tambien a la postre se muestra sobradamente generoso cuando le hemos tratado con inteligencia. No deja de ser una adaptación sicológica que nos protege del stress, o simple economía de fuerzas..nos llama más la atención lo fácil, ...y como se dice con cierta sorna' el cuerpo lo sabe. No dejarnos engañar en esta tentación debe ser la norma diaria al entrenar.

  Clásicamente se enseña en  sicología del deporte que hay dos estrategias para sobrellevar el dolor de la dureza del entrenamiento o la competición , igualmente válidas, y usables según las circustancias. En una de ella, la asociativa, la concentración  debe dirigirse precisamente a lo que estamos haciendo, poniendo atención en nuestra zancada, el braceo, la respiración, la técnica de carrera, y haciendo caso omiso a las distracciones del entorno ( rivales, público, reloj, el clima...). En la otra, la disociativa, actuamos precisamente al revés (sin perder mucha atención a nuestra carrera), llenándonos de  pensamientos positivos asociados a lo que estamos haciendo: 'el orgullo de haber superado la prueba, quizas con buena marca, la recompensa de despues ( bebida, comida, compañeros..), las inminentes vacaciones y descanso reparador, próximas citas donde volver a darnos otra oportunidad. Ambas tienen en común  que huyen del derrotismo y el pesimismo cuando peor se ponen las cosas, quizás al final de la prueba donde la fatiga alcanza sus máximas cotas. Una concentrándose en el gesto de carrera, la otra en factores ajenos siempre agradables.

 Y finalmente desde el punto de vista físico, lo más importante es nuevamente, saber hasta donde podemos castigar nuestro cuerpo sin ponerlo en peligro. La experiencia y el autoconocimiento son las bases para hacerlo bien en este aspecto, y es que siempre hay unos límites flexibles ( según nuestro nivel, edad, estado, condiciones de ese día, clima, etc..), y los márgenes donde nos debemos mover. Si no los sobrepasamos, habremos mejorado en esta cualidad tan importante que es rendir con el sufrimiento adecuado al nivel de exigencia que nos hemos impuesto. Aquí quizás es importante sobre todo en los primeros años, contar con el asesoriamiento y experiencia de un buen entrenador, que sacará de nosotros lo mejor sin exponernos a lesiones o sobrefatigas perjudiciales, el llamado : Sobreentrenamiento

 En definitiva, el sufrimiento asociado al máximo esfuerzo en un corredor debe ser integrado cuanto antes en nuestro esquema mental y físico y es más, hacernos amigos de él, porque solo sufriendo nos hacemos mejores corredores. Los años de práctica deportiva nos llevan a reconocerle como un aliado en nuestra percepción de que estamos haciéndolo bien, y lo positivo de esto, y todos los atletas me entenderán a la primera,  es recordar nuestro estado de euforia y felicidad tras una sesión, del tipo que sea, que ha puesto en la parrilla toda la carne del sufrimiento que teníamos ese día y esa hora.

 Ah!...y no os fiéis del rictus, ni de las caras de los atletas cuando están en esa fase de máximo sufrimiento, unos parecen estar en el potro de tortura, y otros, en un bálsamo de paz, y quizás ambos estén sufriendo lo mismo, es pura individualidad, como tantas otras cosas.

Unas fotos de rictus del primer tipo en mi historia deportiva, Carrera popular de mi barrio, Legua del Batán, 2017,  Trofeo Akiles 87 llegando a meta,  y Liga de clubs en Valencia 1994.





 Sufrir y disfrutar, todo es empezar. Buenos entrenamientos!!.

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