FASES DE LA VIDA DE UN CORREDOR
Si algo tiene este maravilloso deporte de correr, es que casi cualquiera puede practicarlo, desde la más tierna infancia, hasta las edades más avanzadas. No en vano, correr, o mejor dicho, desplazarse, es el gesto más natural del ser humano. Por circunstancias de evolución, nuestra especie una vez que se irguió para ver más allá del horizonte, abandonó la cuadripedia que tantos miles de años habíamos practicado y todo nuestro cuerpo se fue adaptando a este cambio radical, la columna vertebral, la cadera, las piernas, el braceo...hasta llegar a ser relativamente eficientes en la carrera tal y como la conocemos hoy día. En algunas poblaciones remotas, el gesto de correr aun está adaptado nada más que para la supervivencia, por ejemplo indios en la selva son mejores trepadores que corredores . El fenómeno deportivo es mucho más reciente, y parte precisamente de una pérdida de condición física en países avanzados debido al sedentarismo. Pero de igual modo ha puesto a prueba nuestra capacidad de mejora de una manera sorprendentemente rápida. En apenas medio siglo o poco más de deporte al alcance de todos, algunos seres humanos entrenando de manera específica, son capaces de alcanzar velocidades increíbles, o saltar y lanzar hasta cotas dificilmente imaginables. Piénsese en cualquier distancia y véase la velocidad a la que se corre, desde los más de 40 km/h en los 100 metros, hasta ritmos inferiores a 3.00 mk en la de largo aliento, las maratón.
Estos niveles de rendimiento están reservados a los deportistas record y de medalla en competiciones internacionales. Para la persona normal y corriente, que elige incorporar el correr a su vida cotidiana, no se trata tanto de hacer cosas increíbles a nivel personal, como de poder ejercitarse en este deporte durante muchos años. Cuantos más, mejor. Y dado lo ambicioso de este maravilloso plan ("correr toda la vida"), es de sentido común pensar en cómo hacerlo de manera provechosa evitando los muchos contratiempos que pueden dar al traste de manera provisional o definitiva con el proyecto vital que nos cambiará la calidad y la cantidad de vida, no es poca cosa.
En primer lugar, se trata de situarnos de que punto de partida hemos salido. No es lo mismo correr desde la infancia en la escuela, que empezar con 40 o 50 años y sobrepeso. La adaptación es básica, y hacerlo de manera racional es lo conveniente.
Independientemente del punto de partida, una vez se decide que correr formará parte de tus rutinas habituales, hemos de mentalizarnos a que iniciamos un largo camino que mejorará nuestra calidad de vida, tanto en lo puramente físico y de salud, como mental, en definitiva seremos otras personas.
Ese camino podría visualizarse a grandes rasgos como una curva ascendente de mejora al principio, no sin pequeños contratiempos derivados de la adaptación ( el cuerpo inicialmente sedentario se resiste a correr), si persistimos alcanzaremos una llana y amplia planicie de alto rendimiento, y que si coincide con la edad entre los 28 y 35 años aproximadamente, significará la consecución de nuestros mejores logros según nuestra genética, hace falta obviamente, que el entrenamiento sea específico, correcto, y bien planteado. A partir de los 40 años aproximadamente se inicia una suave pero larguísima bajada que nos hará perder algo de fuerza, flexibilidad, coordinación, potencia cardiovascular, todo asociado al envejecimiento natural pero que en todo caso será muchísimo menor al de las personas que no hacen deporte intenso de manera habitual.
Independientemente del punto de partida, una vez se decide que correr formará parte de tus rutinas habituales, hemos de mentalizarnos a que iniciamos un largo camino que mejorará nuestra calidad de vida, tanto en lo puramente físico y de salud, como mental, en definitiva seremos otras personas.
Ese camino podría visualizarse a grandes rasgos como una curva ascendente de mejora al principio, no sin pequeños contratiempos derivados de la adaptación ( el cuerpo inicialmente sedentario se resiste a correr), si persistimos alcanzaremos una llana y amplia planicie de alto rendimiento, y que si coincide con la edad entre los 28 y 35 años aproximadamente, significará la consecución de nuestros mejores logros según nuestra genética, hace falta obviamente, que el entrenamiento sea específico, correcto, y bien planteado. A partir de los 40 años aproximadamente se inicia una suave pero larguísima bajada que nos hará perder algo de fuerza, flexibilidad, coordinación, potencia cardiovascular, todo asociado al envejecimiento natural pero que en todo caso será muchísimo menor al de las personas que no hacen deporte intenso de manera habitual.
Cumplir años no implica dejar de hacer deporte, al revés, será nuestro mejor aliado.
Lo inteligente en este largo camino, es saber dónde estamos ubicados con precisión, para no pecar de agresivos, o conservadores, en cuanto a lo que podemos o no podemos hacer. Y eso implica un autoconocimiento de nuestro cuerpo, no hace falta sea muy exhaustivo, simplemente ser consciente de lo que prima es nuestra salud, y luego el disfrute. Por ejemplo, los entrenamientos de calidad y/o volumen, intensos y frecuentes tienden a debilitar las defensas, por tanto es conveniente una suplementación extra, saber si sufrimos patologías que puedan agravarse con estas circunstancias ( lesiones artríticas, etc). Solo un buen estado de salud nos permitirá alargar cuasi indefinidamente nuestra actividad de carrera, y para ello hay que tomar medidas de vida sana y saludable.
En resumen, podemos visualizar una larga vida deportiva, en este resumen de Fases por las que inevitablemente a través de los años vamos a transitar. Claro que podríamos pensar en otras subfases, porque la realidad sobre todo la personal es siempre más compleja, pero saber más o menos donde nos encontramos nos ayudará a conservar la forma, la salud y la ilusión por seguir el máximo de tiempo disfrutando de esto que llamamos 'correr'. Y pensar que tampoco es lineal y plano, pues en tantos años puede haber estancamientos incluso retrocesos sin que esten muy claras las causas, aparentemente.
- Fase de Inicio: Tras una primera época que llamo del 'sindrome de iniciación', donde aparecen los típicos problemas de lesiones asociadas a la adaptación ( agujetas, periostitis, etc..), entramos en una dinámica de incremento continuado de la capacidad de asimilación de entrenamientos cada vez más duros, mas rápidos, menos recuperación, más fuerza, más volumen semanal, mensual,..parecería que vamos a mejorar sin fin porque cada competición significa casi siempre marca personal. Y eso es así temporada tras temporada, donde conseguimos retos que nos parecen imposibles al comenzar, cuando todo se hacía super duro. Hemos ganado resistencia, fuerza, velocidad de crucero ( economía de carrera al fin), y recogemos a menudo premios que llevan a seguir intentando incrementar nuestro entrenamiento como si fuesemos profesionales. Esto, a veces, puede ser un error que se paga más tarde. No siempre más es mejor.
- Fase de Maduración: La fase anterior puede durar dependiendo de las circustancias, y edad a la que se comienza sobre todo, entre 5 y 8 años, digamos que si hemos logrado encadenar todas esas temporadas seguidas, habremos alcanzado, entrenando de manera intensiva y óptima, el pico de máxima forma desde el cual abordaremos nuestras mejores marcas de la vida. Es el momento de arriesgar y salir a por todas. Podemos mantenernos en esta meseta con algunos altibajos, algunos años pero pasada la cuarentena o 10 años desde el comienzo, lo que antes se dé, nos iremos estableciendo en registros más estables y con frecuencia a la baja, según pasan los años. Si continuamos adaptando ese nivel a nuestras condiciones personales y de salud, el descenso será muy lento. Los campeonatos de veteranos dan fe del alto nivel que algunos atletas de edades provectas logran alcanzar, y por la propia historia de cómo se ha venido dando este fenómeno, no paramos de conocer records mundiales increíbles en atletas muy veteranos.
- Fase de Decaimiento: Inevitablemente, el paso de los años conlleva una pérdida de potencial físico, un proceso que en el caso de los atletas entrenados será siempre más lento en todos los órdenes, a nivel mental y de rendimiento. Nuevamente los atletas veteranos de todas las categorías son el ejemplo de cómo se puede rendir a pesar del paso de los años. Lo sensato en esta larga fase que durará décadas quizás, hasta el fin de la vida prácticamente, si no hay otros problemas de salud que son independientes de nuestro entrenamiento ( la buena noticia es que incluso estos son menos frecuentes y probables en personas entrenadas), es adaptar nuestros métodos bajando intensidad, volumen, incrementando las cualidades de flexibilidad, coordinación, y sobre todo fuerza ( la gran clave para todo lo demás), se trata en definitiva de mimar y potenciar nuestra musculatura esquelética ( piernas, tronco, brazos), auténtica llave Anhk de la cerradura de la larga y provechosa vida de un deportista de fondo. Todo lo demás viene por añadidura.
La cruz egipcia es conocida también como cruz ansada, en referencia a su forma especial, en la parte superior ovalada o en forma de ansa, y se la denomina “llave de la vida”. Su nombre es Anj o Anhk que justamente quiere decir Vida.

Interesante artículo.
ResponderEliminarFelicitaciones.
Gracias Luis
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