LA ADAPTACIÓN Y LA MEJORA (I)

 Cuando alguien decide practicar este deporte, correr, en medio de tantas dudas y temores, la pregunta última que anida en su mente es cómo encontrar la manera de mejorar a corto, medio y largo plazo, y en función de todas las condiciones particulares, ver hasta donde se puede llegar, qué MMP ( mejores marcas personales) podría alcanzar con un entrenamiento correcto. Pero todo esto suena muy lejano en esos primeros compases donde salir a correr con regularidad es ya un éxito.

 Tras las primeras semanas, o  meses, en que todo se hace cuesta arriba, seguramente por un estado previo de forma no muy bueno en general, aparecen dolores, molestias ( la temida periostitis del principiante siempre está ahí), y a medida que vamos sintiéndonos no tal mal, encajando los entrenamientos en nuestro nuevo modo de vida, llega un día en que de pronto, nos sentimos extrañamente bien, y terminamos rápidos, eufóricos justo en aquel recorrido que apenas unos meses antes había supuesto un infierno del que salimos vivos de milagro. Ver los tiempos, distancias que hemos sido capaces de cubrir, y no terminar reventados, es un chute de adrenalina que nos va a durar años, el que nos enganchará definitivamente a esta religión tan simple que es correr. 

Sin ser conscientes, en apenas unas semanas nuestro cuerpo ha cambiado produciendo una catarata de mejoras a todos los niveles que nos hacen sentir, a poco que lo pensemos, mucho mejor y no solo en el rendimiento deportivo, sino en el metabolismo de la vida diaria, correr más tiempo y más deprisa es solo el reflejo de esta mejora basal. Hemos perdido peso, nos cansamos menos en la vida diaria, tendemos a comer más sano, dormimos mejor, mejoramos el tránsito intestinal, cogemos menos resfriados o gripes, desaparecen migrañas, mejora el asma o la alergia.. Hasta el caracter nos habrá cambiado y entendemos mejor la paciencia, la fuerza de voluntad, el esfuerzo en otros niveles de la vida. Nos habrá remitido quizás la ansiedad, la depresión, y otras patologías asociadas a la vida moderna. En definitiva, un bálsamo del que ya no querremos apartarnos.


 Todo esto no es magia. Sin ser conscientes, cada entrenamiento ha ido esculpiendo en nuestro cuerpo, y en nuestra mente, una serie de adaptaciones para que el stress inflingido sea más tolerable la próxima vez. Esta es una constante general, la especie humana tiene una alta capacidad de adaptación a entornos diversos, y es sumamente flexible en la mejora de todo tipo de actividades, ya sean mecánicas, o mentales, la plasticidad es una de las grandes maravillas que llevamos mejorando milenios. Nos adaptamos al clima, a la humedad, a la altura, a las distintos gestos relacionados con el equilibrio, la coordinación, flexibidad, lanzar, saltar. Cualquier reto para el cerebro, y correr es un gran reto, pone en marcha los mecanismos para la inmediata mejora en todos aquellos recursos del cuerpo que se ven implicados en ese stress. Por ejemplo, si la temperatura es elevada, y correr se hace dificil, en apenas unos pocos días, toleraremos mejor las altos niveles termométricos. La adaptación se habrá producido por una mejora en la ventilación, evotranspiración, circulación capilar hacia la piel, etc.

 Hay que decir por supuesto, que los niveles de stress deben quedar dentro de unos márgenes de seguridad que no pongan en riesgo la salud e incluso, en ocasiones, la vida, cuando es extremo. De hecho la intensidad del esfuerzo en cualquiera de sus variantes es un factor clave para la mejora, dividiendo clásicamente los estímulos aplicados en de leve intensidad ( no producen mejora), intensidad media ( producen mejora), intensidad fuerte ( pueden producir problemas si no están correctamente ejecutados o se hacen muy a menudo, e incluso pueden llevar al sobreentrenamiento, con pérdida de rendimiento, del que hablaremos en otra entrada). Obviamente estamos hablando de otro principio esencial del entrenamiento deportivo, el que tiene que ver con la prescripción individualizada y progresiva de las cargas de entrenamiento. Es vital seguir la senda del sentido común, que no es más que paciencia para ir poco a poco aumentando los niveles de entrenamiento y tomar las medidas externas adecuadas para evitar lesiones, u otros problemas.

ENTRENAMIENTO ADECUADO + ENTRENAMIENTO INVISIBLE = MEJORA

Entrenamiento invisible es el conjunto de medidas encaminadas a la completa recuperación de las cargas de entrenamiento: descanso, material, masaje, fisioterapia, nutrición. Son la base fundamental en la que nos apoyamos para poder acometer las siguientes sesiones de entrenamiento en perfectas condiciones físicas, y llegar a la competición en el máximo estado de forma. Éste es el único esquema válido para el correcto camino evolutivo del atleta limpio.

 La mejora en las prestaciones del corredor ( aumento del Vo2max) y consiguiente rebaja de tiempos en las distintas distancias, no es un proceso lineal, sino que a veces se producen estancamientos e incluso pequeños retrocesos. Hay adaptaciones y evoluciones que requieren semanas, meses, y hasta años para la maduración. Clásicamente se habla de entre 5 y 8 años para alcanzar esa  madurez competitiva, independientemente de la edad a la que se comienza. Esto conlleva la asimilación de fuertes cargas de entrenamiento, en volumen, intensidad, y recuperación. Solo cuando se logra esta fase de asimilacion de estos estímulos stressantes y el cuerpo es capaz de adaptarse a ellos, estaremos en condiciones de dar lo mejor de nosotros mismos.

 Hablaremos en siguientes entradas de cuáles son esas adaptaciones orgánicas y funcionales que se producen en el cuerpo de un deportista que crece como atleta. Y tener en cuenta las particularidades de cada una para su máximo aprovechamiento.






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